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Se rompió el tendón a los 16 y acabó pasando 50 años en el banquillo del Valencia

Bernardo España Edo se quedó sin carrera de futbolista a los dieciséis. Se coló en los entrenamientos a recoger balones y salió del club medio siglo después, siendo utillero jefe.

Se rompió el tendón a los 16 y acabó pasando 50 años en el banquillo del Valencia

A los dieciséis años se rompió el tendón de Aquiles en un accidente de moto y se le acabó la carrera de futbolista antes de empezarla. Cincuenta años después seguía saliendo al césped de Mestalla en cada partido. Con el carrito de los balones, eso sí.

El chaval que se colaba en los entrenamientos

Bernardo España Edo nació en Valencia el 1 de mayo de 1938. Como media ciudad, quería jugar en el Valencia. A diferencia de media ciudad, estuvo cerca: era de los que apuntaban maneras, hasta que la moto y el tendón decidieron otra cosa.

Lo que hizo después es la parte buena de la historia. En vez de quedarse en casa, empezó a escaparse del colegio para colarse en los entrenamientos de Mestalla y recoger balones. Sin cobrar, sin permiso, sin un plan. Solo por estar dentro.

Lo ficharon. Primero en el filial, luego en el primer equipo. Y de ahí no se movió en medio siglo, hasta llegar a utillero jefe.

Lo que es un utillero, para entendernos

El utillero es el que sabe qué botas lleva cada jugador y cuáles están rotas. El que tiene preparada la camiseta de repuesto antes de que nadie la pida. El que carga el material en el autobús y lo descarga a las tres de la mañana cuando se vuelve de jugar fuera. El que está antes que todos y se va después.

Es un puesto que no sale en las alineaciones y que en un club grande ve pasar de todo. Españeta —así lo llamaba el valencianismo entero— vio pasar generaciones enteras de jugadores, docenas de entrenadores y varias juntas directivas. Él seguía ahí.

Haz la cuenta: entró siendo un crío en los años cincuenta y dejó la banda en 2016. Se había jubilado oficialmente en 2003, trece años antes, y siguió yendo igual. Cuando el trabajo se ha convertido en tu sitio, la jubilación es un papel.

El reconocimiento llegó tarde, como siempre

Murió el 14 de octubre de 2020, a los 82 años.

Desde entonces hay una calle con su nombre junto a los terrenos del futuro Nou Mestalla, el estadio que Valencia lleva desde 2007 esperando ver terminado. Le pusieron la calle antes que el estadio, que tiene su punto.

Y en el partido de leyendas del triplete colocaron su silla al lado de los trofeos. Su nieto Alejandro dejó encima un ramo de flores. Esa imagen es la que ha dado la vuelta a internet cinco años después de su muerte.

Un apunte sobre lo que circula

La versión que se comparte en vídeos cuenta bastante más: que su silla sigue vacía en todos los partidos, que el vestuario lleva su nombre, que una puerta de Mestalla lo recuerda y que parte de sus cenizas descansan dentro del estadio por voluntad propia. Buscando en prensa no hemos encontrado confirmación de esas cuatro cosas, y tampoco un desmentido. Puede que sean ciertas y estén mal contadas; puede que sean el adorno que se le añade a una historia que ya era buena sin adornos.

Lo comprobable es lo de arriba, y basta.

El detalle que lo explica todo

Un chaval se rompe un tendón y pierde el sueño de su vida a los dieciséis años. Podría haber dejado de ir al campo. En vez de eso se pasó los siguientes sesenta años entrando por la puerta de servicio del mismo estadio al que no pudo entrar por la de los jugadores.

No hay muchas formas mejores de ganarle una discusión al destino.

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