Se fabricaron básculas de baño transparentes: la moda que enseñaba que dentro no había nada
Entre 1999 y 2003 se hicieron translúcidas las grapadoras, las planchas, los mandos y las tostadoras. Duró cuatro años y desapareció sin que cambiara ni el material ni el precio.

Hubo un momento, entre 1999 y 2003 más o menos, en que se fabricaron básculas de baño transparentes. Y grapadoras transparentes. Y planchas de ropa transparentes, con el depósito de agua a la vista y el resto del aparato también, por si alguien quería contemplar la resistencia.
Nadie pidió aquello. Y sin embargo pasó en todo el mundo a la vez, durante unos cuatro años, y luego se fue tan rápido como vino.
La lección que la industria entendió al revés
El origen está localizado. En 1998 salió a la venta un ordenador de sobremesa con la carcasa de plástico translúcido azul, con forma de huevo, en el que se veía por dentro la máquina. Fue un éxito enorme y sorprendente, porque hasta ese día un ordenador era una caja beige y nadie discutía que tuviera que serlo.
A partir de ahí, la industria sacó una conclusión. La conclusión correcta habría sido: a la gente le gusta ver lo que hay dentro de una máquina complicada, porque le quita el miedo y le da la sensación de entenderla.
La conclusión que se sacó fue más corta: a la gente le gusta el plástico transparente.
Y entonces se hizo transparente todo, incluidas cosas que no tienen dentro absolutamente nada que merezca ser mirado.
Un pequeño catálogo de lo que llegó a existir
Grapadoras translúcidas de colores, en las que se veía la fila de grapas. Es posiblemente el único caso de esta lista con alguna utilidad real, porque sabes cuándo se acaban.
Planchas de vapor con la carcasa ahumada. Teléfonos fijos de sobremesa en azul caramelo, con la placa a la vista. Mandos a distancia con la pila visible. Cepillos de dientes eléctricos translúcidos. Ratones de ordenador en los que se veía la bola, que era la parte que se ensuciaba y que uno prefería no ver. Calculadoras. Tostadoras. Sacapuntas eléctricos.
Y básculas de baño. Una báscula de baño transparente enseña un muelle y una placa. Es un objeto que se ha desnudado para revelar que no tenía nada.
Por qué todo era además redondo
Porque coincidió con otra cosa que sí tenía una explicación técnica.
A esas formas se las llamó blobjects, de blob y object: mancha y objeto. La palabra la acuñó el editor de diseño Steven Skov Holt a finales de los ochenta, al ver que las curvas empezaban a aparecer en los muebles y en los coches. El ejemplo que tenía delante era el Ford Taurus.
Lo que permitió que aquello se extendiera fue que en los noventa los programas de diseño incorporaron una manera práctica de dibujar superficies curvas complejas —los NURBS— y de fabricar a partir de ellas. Una curva pasó de costar semanas de modelo en arcilla a costar una tarde.
Y ya se sabe qué pasa cuando algo se abarata de golpe: se hace en exceso durante unos años.
El dato con el que se cierra esto
Lo más raro de todo el episodio no es que ocurriera. Es lo rápido que se fue.
Alrededor de 2003 el plástico translúcido de colores empezó a leerse como barato, y en dos o tres años había desaparecido de las tiendas casi por completo. El mismo material que en 1999 significaba «esto es moderno» significaba en 2005 «esto es de un bazar».
No cambió el material. No cambió el precio de fabricarlo. Cambió únicamente lo que la gente creía que decía de quien lo compraba.
Que es, si uno lo piensa, la explicación completa de la mayor parte de las cosas que hay en su casa.