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99 años esperando una gota (y el vigilante se fue a por un té)

Un embudo con brea lleva desde 1927 dejando caer una gota cada ocho o trece años. Han caído nueve. Ningún ser humano ha visto caer ninguna en directo, y el hombre que lo custodió 52 años murió sin conseguirlo.

99 años esperando una gota (y el vigilante se fue a por un té)

Julio de 1988, Brisbane. John Mainstone lleva veintisiete años vigilando un embudo. Sabe que la cosa está a punto: el goterón negro que cuelga del vidrio se ha estirado hasta parecer una lágrima a punto de soltarse. Mainstone se levanta un momento. Va a por un té.

Cuando vuelve, la gota está abajo.

Le pasó eso, y le pasó lo mismo otras veces, durante los cincuenta y dos años que estuvo al cargo del experimento de la gota de brea de la Universidad de Queensland. Murió en 2013 sin haber visto caer ni una sola. Ninguna. Es probablemente el récord más cruel de la historia de la ciencia: dedicar media vida a mirar algo y perdértelo siempre por unos minutos.

Un profesor cabreado con sus alumnos

La historia empieza en 1927 con Thomas Parnell, físico de Queensland, harto de que sus estudiantes creyeran que las cosas se dividen en sólidas y líquidas y ahí se acaba el asunto. Quería demostrarles que hay materiales que parecen piedra y en realidad fluyen, solo que a una velocidad que no cabe en una clase, ni en un curso, ni en una carrera.

Cogió brea —el alquitrán duro que se usaba para calafatear barcos—, la calentó, la vertió en un embudo de vidrio y la dejó reposar tres años para que se asentara. En 1930 cortó el cuello sellado del embudo y dejó que la naturaleza hiciera su trabajo.

La brea es tan dura que si le das un martillazo se rompe en esquirlas, como el cristal. También es un líquido: unas cien mil millones de veces más viscoso que el agua. Con esos números, un embudo tarda años en soltar una gota.

Ocho años, en concreto. La primera cayó en diciembre de 1938.

Parnell vio esa y vio la segunda, en 1947. Murió al año siguiente. Su experimento, montado como una demostración de aula, iba a sobrevivirle setenta y ocho años y contando.

El calendario más lento del mundo

Esto es todo lo que ha pasado en el embudo desde que se abrió:

Gota Fecha Espera desde la anterior
Diciembre de 1938 8 años desde el corte
Febrero de 1947 8 años
Abril de 1954 7 años
Mayo de 1962 8 años
Agosto de 1970 8 años
Abril de 1979 9 años
Julio de 1988 9 años
Noviembre de 2000 12 años
Abril de 2014 13 años

Habrás notado que las esperas se alargan al final. Hay una explicación de las que dan gusto: en los años ochenta pusieron aire acondicionado en el edificio. La brea se enfrió un par de grados, se volvió más espesa y el experimento se echó una siesta de cuatro años extra. Un termostato de oficina cambió el ritmo de un experimento centenario.

La cámara que falló en el peor momento posible

Llegó internet y con internet la solución obvia. En 2000, la universidad apuntó una webcam al embudo y la enchufó al mundo entero. Ya no dependía de que alguien estuviera en la sala: dependía de un ordenador que no duerme, no parpadea y no se va a por un té.

El 28 de noviembre de 2000 cayó la octava gota.

La cámara estaba caída. Un fallo técnico de veinte minutos, justo esos veinte minutos. Cuando el sistema volvió, la gota ya estaba en el vaso y en el vídeo no había absolutamente nada.

Mainstone, que llevaba en aquel momento treinta y nueve años de custodia, estaba en Londres. Se enteró por correo.

En 2005 le dieron el Ig Nobel de Física por el experimento, compartido a título póstumo con Parnell. Es el premio que se entrega a las investigaciones que primero te hacen reír y luego te hacen pensar. Encaja bastante.

Dublín se lleva el premio gordo

Aquí entra el detalle que casi nadie sabe. Queensland no era el único. En el Trinity College de Dublín había otro embudo de brea, montado en 1944 por alguien cuyo nombre se perdió, guardado en un armario y olvidado durante décadas. Los físicos irlandeses lo desempolvaron, le pusieron una cámara y esperaron.

El 11 de julio de 2013, la cámara de Dublín grabó una gota cayendo. La primera de la historia registrada, en un experimento que nadie había tomado en serio, después de que el de Queensland llevara setenta y cinco años esquivando el objetivo.

Mainstone murió de un ictus seis semanas después, el 23 de agosto de 2013. La novena gota de su embudo cayó en abril de 2014, ocho meses más tarde.

Y sí, esa quedó grabada. Aunque con matiz: se soltó mientras el nuevo custodio estaba cambiando el vaso de debajo, no en una espera tranquila con la sala a oscuras. Ni al final quiso caer de forma limpia.

Sigue en marcha, ahora mismo

El embudo está en el vestíbulo de la Escuela de Matemáticas y Física de Queensland, con una webcam encima que retransmite las veinticuatro horas para quien quiera mirar. Guinness lo reconoce como el experimento de laboratorio más largo del mundo en funcionamiento. La décima gota se espera para algún momento de la próxima década.

Puedes verlo tú en la retransmisión oficial de la universidad. Miles de personas están suscritas a los avisos, esperando su turno delante de una pantalla en la que, con toda probabilidad, no va a pasar nada mientras miras.

A la brea que queda en el embudo le calculan cien años más de goteo por delante. Eso significa que quien vea caer la última gota en directo, si es que alguien la ve, todavía no ha nacido.

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