¿Qué porcentaje de las funciones de un programa se usa de verdad? Menos de lo que pagas
Qué porcentaje de las funciones de un programa se usa de verdad: los datos de Pendo, el estudio de Standish que se citó en Cerdeña en 2002 y lo que significa para el software que pagas cada mes.

¿Qué porcentaje de las funciones de un programa se usa de verdad? Según un análisis de la empresa Pendo, el 80 % de las funciones del software medio se usan poco o nada. Ocho de cada diez botones están ahí para que alguien los pague, no para que alguien los pulse.
Y no es un dato aislado de alguien con ganas de titular.
Cerdeña, mayo de 2002
En la conferencia XP2002, celebrada en Alghero, Jim Johnson, de The Standish Group, dio una charla sobre proyectos de software. Martin Fowler, que estaba allí, dejó por escrito dos cifras que Johnson citó: un estudio de DuPont según el cual solo hacía falta de verdad el 25 % de las funciones de un sistema, y uno de Standish según el cual el 45 % de las funciones no se usaban nunca y solo el 20 % se usaban a menudo o siempre.
Veinticuatro años después esas cifras siguen circulando por presentaciones de medio mundo, casi siempre sin decir de dónde salen ni cómo se midieron.
Lo de Pendo es más reciente y tiene más muestra: el informe de 2019 analizó el uso de funciones en 615 suscripciones de clientes que llevaban más de un año con su herramienta. De ahí sale el 80 %. Y el remate: calculaban que las empresas de software en la nube que cotizan en bolsa habían invertido hasta 29.500 millones de dólares en desarrollar esas funciones que casi nadie toca.
Ojo con el matiz, que lo tiene. Pendo vende precisamente una herramienta para medir qué funciones se usan, así que no es un observador neutral. Pero su dato y el de Standish, con veinte años de diferencia, apuntan al mismo sitio.
Del botón que no usas a la licencia que no usas
Si se pasa de las funciones a las licencias, el panorama no mejora mucho. Zylo, que audita el gasto en software de grandes empresas, calcula que en 2025 se usó el 54 % de las licencias contratadas. Era peor el año anterior: un 47 %. Es decir, casi la mitad de las cuentas por las que se paga cada mes no se abren.
Junta las dos cosas: pagas por usuarios que no entran y, los que entran, usan una parte pequeña del programa. Es la cuenta que se oye a menudo en las empresas con un ERP grande. El sistema cubre más o menos un 20 % de lo que el negocio necesita y, de ese 20 %, se usa la mitad. El resto se hace en una hoja de cálculo que nadie se atreve a borrar.
Y entonces llegó la IA con un destornillador
¿Por qué no se hacía cada programa solo con lo que se usa? Porque fabricar software era carísimo, y la única forma de que saliera a cuenta era venderle el mismo programa a miles de empresas. Cada cliente pedía su función, la función se añadía para todos y el programa engordaba.
Los asistentes de programación han cambiado esa cuenta para las herramientas pequeñas. En un experimento de GitHub, los programadores con Copilot terminaron una tarea un 55,8 % más rápido. Así empieza a tener sentido lo contrario del programa gordo: una herramienta hecha para una sola empresa que cubra el 80 % de lo que necesita y se use al 100 %. Hay quien ya lo llama tailorware, de tailor, sastre: software hecho a medida, como un traje.
Pero la IA no sería un buen personaje sin su tropiezo. En 2025 el laboratorio METR puso a dieciséis programadores veteranos a trabajar en proyectos grandes con y sin IA. Con IA tardaron un 19 % más. Lo mejor: al acabar, estaban convencidos de haber ido un 20 % más rápido.
O sea, que la IA te ayuda a construir el programa sin botones de sobra, pero es capaz de convencerte de que vas volando mientras vas más despacio que andando.
Qué porcentaje de las funciones de un programa se usa en tu caso: la prueba
Abre el programa que más usas en el trabajo y cuenta los menús. Ahora cuenta cuántos has abierto este mes. Si te sale más de un 20 %, enhorabuena: superas el 20 % de funciones de uso frecuente que contaba Standish.
Y si te sale menos, piensa que alguien, en algún lugar, se pasó semanas programando ese botón que acabas de descubrir.