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El conectoma completo de la mosca de la fruta: 139.255 neuronas, 33 años de trabajo a mano y una mosca virtual que saca la trompa

El conectoma completo de la mosca de la fruta tiene 139.255 neuronas y 54,5 millones de sinapsis. Hicieron falta unos 33 años-persona de corrección manual, y ya hay una mosca simulada que reacciona al azúcar.

El conectoma completo de la mosca de la fruta: 139.255 neuronas, 33 años de trabajo a mano y una mosca virtual que saca la trompa

El conectoma completo de la mosca de la fruta tiene 139.255 neuronas. Todas. Cada una con nombre, posición y la lista de con quién habla.

Si alguna vez has visto el vídeo de Kurzgesagt «¿Podemos transferir la mente y vivir para siempre?» y te has quedado con la duda de cuánto falta, esta es la respuesta más honesta que existe ahora mismo: hemos copiado el cableado de una mosca. Una. Y costó lo suyo.

Qué es exactamente el conectoma completo de la mosca de la fruta

Un conectoma es el mapa de todas las conexiones entre neuronas de un sistema nervioso. El de la mosca lo publicó el consorcio FlyWire en Nature el 2 de octubre de 2024, con los laboratorios de Sebastian Seung y Mala Murthy, de Princeton, al frente (Dorkenwald et al., 2024).

Los números:

  • 139.255 neuronas de una mosca hembra adulta de Drosophila melanogaster.
  • 54,5 millones de sinapsis entre ellas.
  • Más de 8.400 tipos de células distintos, catalogados en un artículo hermano.
  • Unos 33 años-persona de corrección manual.

Ese último dato es el bueno. El cerebro se cortó en láminas finísimas, se fotografió con microscopio electrónico y un software de inteligencia artificial intentó seguir cada neurona de foto en foto. Lo hizo bastante bien. Y aun así se equivocaba lo suficiente como para que cientos de investigadores y voluntarios de todo el mundo tuvieran que revisar a mano dónde empezaba y dónde acababa cada cable.

(La IA aquí hace de becario muy rápido y algo despistado: adelanta muchísimo trabajo, pero alguien tiene que repasarlo todo.)

La mosca que existe dentro de un ordenador

En el mismo número de Nature salió otro artículo con una idea muy loca y muy sencilla. Philip Shiu y su equipo cogieron el mapa y lo convirtieron en un modelo de ordenador en el que cada neurona es una pieza muy simple que se dispara o no según lo que le llega (Shiu et al., 2024). Sin química fina, sin hormonas. Solo cables.

Encendieron en el modelo las neuronas que detectan el azúcar y miraron qué se iluminaba. La señal acababa en las neuronas que mueven la trompa, la probóscide con la que la mosca sorbe. Luego fueron al laboratorio con moscas vivas y las predicciones del modelo se cumplieron en buena parte.

Con el plano del cableado bastó para predecir un comportamiento. Para quien sueña con subir la mente, ese es el dato que más debería interesarle.

Por qué una mosca, y cuánto queda para nosotros

La mosca es el siguiente escalón de una escalera que empezó con un gusano. En 1986, John White, Sydney Brenner y su equipo publicaron el mapa del nematodo C. elegans: 302 neuronas y unas 5.000 sinapsis químicas. Cuarenta años después, el proyecto abierto OpenWorm sigue intentando que ese gusano viva entero dentro de un ordenador, y no da el trabajo por terminado.

Ahora haz la cuenta con un cerebro humano. Tiene unos 86.000 millones de neuronas. Eso son unas 600.000 veces las de la mosca.

Mira ahora un mamífero. En 2025, el consorcio MICrONS publicó el mapa de un milímetro cúbico de corteza de ratón: más de 200.000 células y unos 500 millones de sinapsis. Un granito de cerebro de ratón tiene casi diez veces más conexiones que la mosca entera.

Lo que el mapa no cuenta

Un conectoma es una foto de una mosca concreta en un momento concreto. No dice cuánto pesa cada conexión con precisión, ni qué hormonas bañan el cerebro, ni qué cambia cuando la mosca aprende algo. Por eso ya en 2008 el informe de Sandberg y Bostrom sobre emulación cerebral advertía de que la química del cerebro trabaja en escalas de tiempo que van de menos de un milisegundo a semanas.

Los propios autores de FlyWire dejan el mapa abierto: cualquiera puede navegarlo en flywire.ai y seguir corrigiéndolo. Va por versiones, como un programa.

Así que, de momento, lo más parecido a una mente subida a un ordenador es una mosca virtual que saca la trompa cuando le enseñas azúcar que no existe.

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