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Por qué parece que el otro carril siempre va más rápido: la explicación que publicó Nature

Por qué parece que el otro carril siempre va más rápido: en 1999 Redelmeier y Tibshirani explicaron en Nature que pasamos más tiempo viendo cómo nos adelantan que adelantando, aunque los dos carriles vayan igual.

Por qué parece que el otro carril siempre va más rápido: la explicación que publicó Nature

Por qué parece que el otro carril siempre va más rápido es una pregunta que te has hecho seguro, probablemente un lunes, probablemente con el café enfriándose en el posavasos. Te cambias. Y justo entonces tu carril antiguo arranca y el nuevo se clava. La sensación es tan universal que en 1999 la revista Nature le dedicó un artículo.

Lo firmaron Donald Redelmeier y Robert Tibshirani con un título que no deja lugar a dudas: «Why cars in the next lane seem to go faster» («Por qué los coches del carril de al lado parecen ir más rápido»). Salió en el volumen 401, el 2 de septiembre de 1999. Sí, en la misma revista donde se publican hallazgos sobre el genoma o los agujeros negros.

Por qué parece que el otro carril siempre va más rápido, según Nature

La tesis del artículo cabe en una línea: pasamos más tiempo siendo adelantados que adelantando. Y eso ocurre incluso cuando los dos carriles tienen exactamente la misma velocidad media.

Parece un truco, pero sale de cómo se reparten los coches en un atasco. Cuando el tráfico va rápido, los coches van separados. Cuando va lento, se apelotonan. Ahora piensa en lo que ves desde tu asiento:

  • Cuando tu carril va lento y el otro rápido, los coches de al lado te pasan uno detrás de otro durante un buen rato. Tú estás parado, así que tienes todo el tiempo del mundo para mirarlos.
  • Cuando te toca a ti ir rápido, adelantas a un pelotón de coches apretados, y lo haces en un momento. Pasa tan deprisa que apenas lo registras.

Resultado: los minutos en los que pierdes se te hacen largos y los segundos en los que ganas se te olvidan. Los autores concluyen que saber que el efecto es una ilusión podría ayudar a los conductores a resistir las pequeñas tentaciones de cambiar de carril. La única figura del artículo relaciona, de hecho, la densidad del tráfico con el tiempo que pasas adelantando y el que pasas siendo adelantado.

El cerebro ayuda poco

En la bibliografía del artículo aparecen dos nombres que explican el resto: Amos Tversky y Daniel Kahneman, el dúo que demostró que las pérdidas nos duelen más de lo que nos alegran las ganancias equivalentes. Ver que te adelantan es una pérdida, y la vives con más intensidad que el momento en que adelantas tú. (Kahneman acabó ganando el Nobel de Economía. Ninguno de los dos, que se sepa, consiguió que el carril de la izquierda dejara de pararse.)

¿Y si te cambias igualmente?

Alguien lo probó. En 2014 el equipo de Cazadores de mitos puso un coche fijo en cada uno de los cuatro carriles de la Interstate 580, en California, y dejó a Tory Belleci cambiar de carril todo lo que quisiera. Según la ficha del episodio «Traffic Tricks», Tory llegó primero, con 1 hora y 16 minutos. El mejor coche fijo, el del carril izquierdo, tardó 1 hora y 19. Tres minutos de ventaja, un 4 %, a cambio de un viaje entero en tensión. En las dos pruebas anteriores, los que cambiaban de carril solo habían ganado alrededor de un 2 %.

Lo curioso es que el carril más lento de aquella prueba, el derecho, sí se quedó atrás de verdad: 1 hora y 33 minutos. A veces el otro carril sí va más rápido. Lo que Redelmeier y Tibshirani explican es que tu cabeza te lo va a decir siempre, también cuando no es así.

La próxima vez que lo veas volar

Cuenta los coches que te adelantan y los que adelantas tú en diez minutos. Te llevarás una sorpresa. Y si aun así te cambias, recuerda que en España el artículo 83.2 del Reglamento General de Circulación dice que, con el tráfico tan denso que los coches ocupan toda la calzada, nadie debe cambiar de carril para adelantar. Esa ilusión óptica puede salirte por 200 euros.

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