El minuto de 61 segundos tiene los días contados
Veintisiete veces desde 1972 un reloj oficial ha marcado las 23:59:60. En mayo de 2027 se acaba: la Tierra ha perdido la batalla contra un átomo de cesio.

El 31 de diciembre de 2016, el reloj oficial del mundo marcó una hora que no existe en tu móvil: 23:59:60.
Y no, la captura no está trucada. Fue un segundo de verdad, metido a mano entre el último de 2016 y el primero de 2017. En la España peninsular, que en invierno va una hora por delante, cayó a la una menos un segundo de la madrugada, con las uvas ya bajando.
Y ha pasado 27 veces desde 1972. Veintisiete minutos de 61 segundos que casi nadie notó.

La culpa es de la Tierra, que es un reloj regular tirando a malo
Durante siglos el segundo fue un trocito del día: lo que tarda el planeta en dar una vuelta, partido en 86.400. Problema: la Tierra no gira siempre igual. Unos años va un pelín más lenta, otros un pelín más rápida.
Así que los físicos se buscaron un reloj más serio. Hoy el segundo se define con el átomo de cesio-133: son 9.192.631.770 oscilaciones de su radiación, ni una más ni una menos. (Intenta decir el número de corrido.)
El lío es que ahora conviven dos relojes. El de los átomos, que no se equivoca, y el de la Tierra, que es por el que sale el sol. Cuando se separaban demasiado, se metía un segundo de más para que el de los átomos esperara al planeta. De ahí las 23:59:60.
Un segundo de nada que tumbó medio internet
Parece una tontería hasta que lo hace un ordenador. El 30 de junio de 2012 tocó segundo extra y un fallo de Linux dejó servidores colgados: Reddit, Mozilla, LinkedIn y Yelp tuvieron problemas esa noche. En Australia, el sistema de facturación que usaban Qantas y Virgin Australia se cayó cerca de una hora y hubo que facturar a los pasajeros a mano.
En el de 2016, el que viste arriba, parte del servicio de Cloudflare estuvo fallando hasta las 06:45 del 1 de enero. Su código daba por hecho una cosa muy razonable: que el tiempo no puede ir hacia atrás.
Y entonces la Tierra se puso a correr
Aquí viene el giro. Todos los segundos intercalares de la historia han sido para añadir. Pero el planeta está girando algo más deprisa: un estudio de Duncan Agnew en Nature (2024) calcula que, si nada cambiaba, hacia 2029 habría que quitar un segundo. Un minuto de 59. Eso no lo ha hecho nunca nadie.
Lo mejor del estudio: el deshielo de Groenlandia y la Antártida frena el giro de la Tierra, y sin él el problema habría llegado tres años antes. El cambio climático, retrasando un bug. (No es un buen motivo para alegrarse, pero el dato es el que es.)
Los responsables de la hora mundial echaron cuentas: un 30 % de probabilidad de segundo negativo antes de 2035, y prepararse costaría a la industria algo parecido a lo del efecto 2000.
Ganan los átomos
El 15 de octubre de 2026, en Versalles, la Conferencia General de Pesas y Medidas votó cortar por lo sano. Desde el 20 de mayo de 2027, la hora oficial no se tocará más. Se dejará que el reloj atómico y la Tierra se separen hasta una hora, y según la propia resolución eso da para varios siglos.
Qué pasará cuando lleguen a esa hora de diferencia está sin decidir. Será problema de alguien que todavía no ha nacido.
Así que, si alguna vez viste un reloj marcar las 23:59:60, guárdalo como quien guarda un sello raro: han sido 27 y, salvo sorpresa dentro de varios siglos, no habrá un 28.
Fuentes: Resolución 5 de la CGPM, Boletín C 52 del IERS, Agnew en Nature, The Register (2012) y Cloudflare (2017).