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Curiosidades, datos raros y cosas que pasaron de verdad

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En el siglo XIX alguien se dio cuenta de que las monjas no tenían este cáncer, y nadie supo por qué hasta 1995

La pista estuvo delante de los médicos ciento cincuenta años. Hizo falta una epidemióloga colombiana recorriendo medio mundo para cerrarla.

En el siglo XIX alguien se dio cuenta de que las monjas no tenían este cáncer, y nadie supo por qué hasta 1995

Hay observaciones que se quedan esperando. Esta esperó ciento cincuenta años.

En el siglo XIX, alguien que llevaba la cuenta de las muertes por cáncer se fijó en una rareza estadística: el cáncer de cuello de útero casi no aparecía entre las monjas de clausura, y era frecuente entre las mujeres que ejercían la prostitución.

El dato era demoledor y no servía para nada.

Por qué no servía

Porque señalaba a la transmisión sexual, sí. ¿Y qué se hace con eso?

Una correlación no es una causa. Hacía falta saber qué se transmitía, y en el siglo XIX no existían ni la virología ni las herramientas para buscarlo.

Así que la nota se quedó en los cuadernos, correcta y muda, mientras el cáncer seguía matando a mujeres a un ritmo que hoy cuesta imaginar.

La parte que nadie quería hacer

Avanza el siglo XX. Ya se sospecha de un virus, el del papiloma humano. Se ha conseguido identificarlo en un laboratorio.

Pero identificar un virus en una muestra no demuestra que ese virus cause la enfermedad. Para eso hay que hacer otra cosa completamente distinta, y mucho menos agradecida: recoger miles de casos y miles de controles, en poblaciones diferentes, con el mismo método, y comparar.

Eso no se hace en un laboratorio. Se hace con cuestionarios, con muestras y con años.

Lo coordinó Nubia Muñoz, una epidemióloga nacida en Cali, desde la agencia del cáncer de la Organización Mundial de la Salud. Estudios en países que no se parecían en nada entre sí, precisamente para que el resultado no pudiera achacarse a las costumbres de ningún sitio.

El virus aparecía en los casos. En todas partes.

1995: la nota queda contestada

Ese año, los expertos reunidos por la agencia clasificaron los tipos 16 y 18 del virus como carcinógenos del grupo 1. Traducido: está demostrado que causan cáncer en personas.

Ciento cincuenta años después de que alguien apuntara lo de las monjas, la pregunta tenía respuesta.

Y once años después había una vacuna, la primera de la historia capaz de prevenir un cáncer.

El remate, que es agridulce

El Nobel de Medicina de 2008 premió este hallazgo. Se lo llevó, con la mitad del premio, el investigador alemán que había identificado el virus en el laboratorio.

Ella fue nominada aquel mismo año. No lo recibió.

Que es, más o menos, la historia de la epidemiología entera: la disciplina que demuestra las cosas y a la que nunca le hacen la foto.

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