Doce años de guerra y un solo muerto: un cerdo
En 1859 un colono estadounidense disparó a un cerdo británico que se comía sus patatas. Doce años después, cinco buques de guerra y más de 2.000 soldados seguían mirándose las caras. El animal fue la única baja.

El 15 de junio de 1859, Lyman Cutlar salió de su cabaña en la isla de San Juan y se encontró un cerdo negro hozando en su huerto de patatas. No era la primera vez. El animal tenía dueño, tenía costumbre y tenía muy buen ojo para las patatas ajenas.
Cutlar cogió el rifle y le disparó.
Doce años después, dos imperios seguían discutiendo por ese cerdo mientras más de dos mil soldados se miraban las caras en una isla de treinta y cinco kilómetros cuadrados. El asunto acabó resolviéndolo el káiser de Alemania. En serio.
El malentendido de 1846
Para entender cómo se llega ahí hay que retroceder trece años. En 1846, Estados Unidos y el Reino Unido firmaron el Tratado de Oregón para repartirse el noroeste del continente. La frontera bajaría por el paralelo 49 hasta el mar y luego seguiría «por el centro del canal que separa el continente de la isla de Vancouver».
Precioso. El problema es que ahí no hay un canal: hay dos. El estrecho de Haro por el oeste y el de Rosario por el este. Y justo en medio, como una miga en la mesa, el archipiélago de San Juan.
Los británicos leyeron el tratado y decidieron que el canal era Rosario, con lo cual las islas eran suyas. Los estadounidenses leyeron el mismo tratado y decidieron que el canal era Haro, con lo cual las islas eran suyas. Nadie sacó el tema durante años porque tampoco había mucho que discutir: cuatro ovejas, una granja de la Compañía de la Bahía de Hudson y un puñado de colonos americanos que fueron llegando después.
Entre ellos, Cutlar. Y entre las ovejas, un cerdo.
«Aparte usted sus patatas de mi cerdo»
El animal pertenecía a Charles Griffin, el encargado británico de la granja Belle Vue. Cutlar fue a verle y le ofreció diez dólares por el estropicio. Griffin le pidió cien.
La discusión que vino después es de las que se cuentan durante generaciones. Cutlar protestó que el cerdo se estaba comiendo sus patatas. Griffin le contestó que el problema era suyo por no apartar las patatas de su cerdo.
Ahí se rompió la conversación. Las autoridades británicas amenazaron con detener a Cutlar y llevárselo a juicio a Victoria. Los colonos estadounidenses, unos veinte en total, pidieron protección militar al ejército de su país.
Y aquí es donde la historia deja de ser una riña de vecinos.
Sesenta y seis hombres y una frase muy mala
El general William Harney, que llevaba fatal lo de la mesura, mandó a la isla al capitán George Pickett con sesenta y seis soldados de infantería. Sí, ese Pickett: el mismo que cuatro años después dirigiría la carga suicida de Gettysburg.
Pickett desembarcó el 27 de julio de 1859 y plantó el campamento en la punta sur de la isla, justo debajo de la granja británica. Cuando le avisaron de que llegaban buques de guerra, respondió que harían de aquello un Bunker Hill. Con sesenta y seis hombres. Frente a la Marina Real.
Los británicos mandaron tres barcos. Luego más. Los estadounidenses mandaron refuerzos. Los británicos mandaron todavía más. A mediados de agosto la aritmética de aquella disputa por un cerdo de treinta kilos había quedado así:
| Estados Unidos | Reino Unido | |
|---|---|---|
| Hombres | 461 | 2.140 |
| Buques de guerra | 0 | 5 |
| Cañones | 14 | 70 |
| Bajas | 1 cerdo | |
Durante semanas, ambos bandos hicieron lo mismo: gritarse insultos desde sus posiciones a ver si el otro disparaba primero. No lo hizo ninguno.
El almirante que se negó
El gobernador James Douglas dio orden de desalojar a los estadounidenses por la fuerza. El encargado de ejecutarla era el contralmirante Robert Baynes, y Baynes se negó en redondo: no pensaba meter a dos grandes naciones en una guerra por una pelea sobre un cerdo.
Esa negativa es probablemente la razón por la que hoy esto se cuenta como anécdota y no como capítulo de un manual de historia militar.
Cuando la noticia llegó a Washington y a Londres, en ambas capitales reaccionaron con la misma cara de incredulidad. Se mandó al general Winfield Scott a apagar el fuego, y lo que negoció fue una solución bastante lógica y completamente absurda: como no había manera de decidir de quién era la isla, la ocuparían los dos a la vez. Un centenar de soldados por bando, ni uno más.
Doce años de vecindad
El campamento británico quedó al norte y el estadounidense al sur, separados por unos veinte kilómetros de isla. Y ahí se quedaron desde 1859 hasta 1872.
Lo que pasó durante esos doce años no se parece nada a una ocupación militar. Los dos campamentos se invitaban a cenar. Celebraban juntos las fiestas, organizaban carreras y competiciones, se prestaban cosas. El mayor conflicto documentado del periodo tiene más que ver con el alcohol y las apuestas que con la geopolítica.
Mientras tanto, en el mundo real, Estados Unidos se metía en una guerra civil que dejó más de seiscientos mil muertos. La isla de San Juan siguió con sus barbacoas.
El árbitro menos esperado
El desbloqueo llegó en 1871, cuando ambos países acordaron someter el asunto a un arbitraje internacional. ¿Y quién arbitra una disputa entre las dos potencias del momento? Pues el káiser Guillermo I de Alemania, que delegó el trabajo en una comisión de tres hombres reunida en Ginebra.
La comisión pasó casi un año estudiando mapas y cartas náuticas de un archipiélago que ninguno de sus miembros había pisado. El 21 de octubre de 1872 dictaminó que el canal del tratado era el de Haro. Las islas eran estadounidenses.
El 25 de noviembre, los últimos marines británicos recogieron sus cosas y se marcharon sin un solo tiro cruzado en trece años. Hoy la isla es un parque histórico nacional y se pueden visitar los dos campamentos, con la bandera británica ondeando todavía en el del norte por acuerdo expreso: es uno de los poquísimos sitios de Estados Unidos donde el servicio de parques iza a diario una bandera extranjera.
De Cutlar no se sabe gran cosa. Abandonó la isla poco después del incidente y desapareció de los registros. Nunca pagó los cien dólares.
Puedes leer los documentos originales del episodio en la web del San Juan Island National Historical Park, que conserva los partes militares de ambos bandos. Incluidos los que explican, con toda la seriedad del papel oficial del ejército, lo del huerto de patatas.