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El asedio más largo de la historia duró 33 años y casi nadie ha oído hablar de él

No fue Troya ni Leningrado. Fue Ceuta, de 1694 a 1727, y terminó porque se murió el que lo había ordenado.

El asedio más largo de la historia duró 33 años y casi nadie ha oído hablar de él

Si te preguntan por el asedio más largo de la historia, lo normal es decir Troya, que son diez años y además es mitología. O Leningrado, que fueron casi novecientos días y es de los episodios más duros del siglo XX.

Ninguno de los dos.

El récord lo tiene Ceuta, y no por poco: treinta y tres años. Del 23 de octubre de 1694 al 22 de abril de 1727.

Piensa un momento en lo que significa

Alguien que naciera en Ceuta el día que empezó el cerco podía tener treinta y tres años, oficio, mujer e hijos el día que terminó. Y no haber visto nunca la ciudad sin un ejército acampado enfrente.

Nueve mil seiscientos días, más o menos, con el enemigo a la vista.

Quién y por qué

Lo ordenó Muley Ismail, sultán de Marruecos, uno de esos gobernantes cuya reputación llegaba antes que sus ejércitos. Mandó a su general Alí ben Abdalá con una fuerza que las crónicas ponen en torno a los quince mil hombres.

Frente a eso, una guarnición pequeña y unas murallas.

La parte que parece inventada

Los sitiadores hicieron lo que se hacía entonces: cavar túneles hasta los cimientos para volar la muralla desde abajo. Se llama zapa.

Y los de dentro respondieron cavando sus propios túneles para escuchar.

Sí, escuchar. Bajaban a galerías excavadas a mano y se quedaban quietos intentando oír los picos del enemigo a través de la roca, para averiguar por dónde venían y salirles al paso bajo tierra.

Durante años hubo una guerra a oscuras debajo de Ceuta que consistía, básicamente, en quién oía antes al otro.

Y ganaron: las murallas nunca llegaron a volarse.

El momento en que casi se acaba

En 1720 llegó una flota de socorro con dieciséis mil soldados al mando del marqués de Lede. Cerco roto, todos contentos.

Meses después estalló la peste. El marqués calculó que no iba a poder tomar Tetuán ni Tánger, que quedarse dentro con una epidemia era mala idea, y se marchó.

En 1721 el cerco volvió a cerrarse. Seis años más.

Y cómo acabó

Aquí está el remate, y es de los buenos.

No acabó con una batalla, ni con una rendición, ni con un tratado. Acabó porque se murió Muley Ismail, en 1727. Sin él, aquello se disolvió.

Treinta y tres años de asedio y el desenlace fue una muerte natural a varios cientos de kilómetros de la muralla.

El dato extra

Ceuta había sido portuguesa y todavía lo era por dentro cuando empezó todo. Durante los veintiséis años de la primera fase, esa condición se perdió: un cuarto de siglo dependiendo de un solo sitio para comer, cobrar y defenderse cambia lo que una ciudad es.

O sea que el asedio no consiguió tomar la ciudad, pero consiguió cambiarla. Que es una forma rarísima de perder una guerra y ganar algo de todos modos.

Sigue

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