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Un juego que dura 400 días reales y el tío que lo terminó en 34 horas

El reloj corre aunque apagues el ordenador. La única forma de acabarlo antes es convencer al juego de que ha pasado más tiempo del que ha pasado.

Un juego que dura 400 días reales y el tío que lo terminó en 34 horas

Imagina que compras un juego y te dice que tienes que esperar cuatrocientos días. No cuatrocientos días de partida: cuatrocientos días de calendario. De los tuyos.

Ese juego existe, se llama The Longing y salió en 2020.

Cómo funciona

Controlas a un sirviente que vive en una cueva bajo tierra. Tu rey se ha echado a dormir y te ha dicho que lo despiertes cuando pasen cuatrocientos días.

El reloj corre siempre. Corre si apagas el juego. Corre si te vas de vacaciones. Corre mientras duermes.

Puedes entrar, dar una vuelta por la cueva, mirar las cosas, y salir. Y el juego te dirá cuántos días quedan.

Hay cosas ahí abajo que tardan semanas en pasar por su cuenta: una araña que teje su tela, una estalactita que acaba cayendo, hierba que crece. No hay manera de acelerarlas mirándolas fijamente.

Y entonces alguien se preguntó lo inevitable

¿Cuál es el récord?

Porque un speedrun consiste en terminar un juego lo más rápido posible, y aquí el enemigo no es un jefe final: es el calendario.

Nueve mil seiscientas horas, que son los cuatrocientos días multiplicados por veinticuatro. Ese es el listón de salida.

Treinta y cuatro horas

El récord de la categoría en la que hay que hacer pasar de verdad los cuatrocientos días está en 34 horas, 10 minutos y 22 segundos, y lo tiene un jugador llamado GeoSage.

Un día y diez horas, frente a los cuatrocientos días que el juego te pide.

Cómo se hace eso

No se hace corriendo. Se hace convenciendo al reloj.

Según lo que cuenta el propio corredor, hay tres formas de restarle tiempo al contador. Leer libros: cada página que pasas le quita un minuto al reloj, y en la cueva hay libros de más de quinientas páginas, así que ahí se ganan semanas. Tocar el saxofón: cada canción descuenta diez minutos. Y recoger objetos por el mapa, que es lo que más acelera el asunto.

O sea que el juego no premia la paciencia. Premia buscar en cada rincón.

El detalle que suele faltar

Si buscas el récord por tu cuenta te vas a encontrar números que no cuadran entre sí, y hay una explicación.

El juego tiene más de un final, y en la lista de récords hay varias categorías. Una de ellas se completa en algo más de hora y media, pero es otro final distinto: uno que no te obliga a que pasen los cuatrocientos días.

Las treinta y cuatro horas son de la categoría que sí los hace pasar. Cuando veas por ahí que este juego se termina en hora y media, ya sabes de cuál están hablando.

Lo bonito del asunto

Alguien diseñó un juego cuya idea central es que esperar forma parte de la obra. Y alguien se pasó treinta y cuatro horas seguidas desmontando esa idea.

Las dos cosas son, a su manera, exactamente lo mismo: dedicarle a una cueva mucho más tiempo del que ningún juego merece.

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