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Seis partidos, once horas y un solo gol que contó

En noviembre de 1971, un equipo amateur de Worcestershire y otro de Oxford se pasaron dieciséis días intentando eliminarse en la FA Cup. Hicieron falta seis partidos y once horas de juego para que alguien marcara el gol bueno.

Seis partidos, once horas y un solo gol que contó

Villa Park, noviembre de 1971. En el césped hay veintidós tíos que llevan más de diez horas jugando el mismo partido y que al día siguiente tienen que ir a trabajar. En la grada hay gente que no es de ninguno de los dos equipos: han venido porque aquello ya se había convertido en un espectáculo por derecho propio, como quien va a ver si el tipo del Guinness consigue por fin batir el récord.

Era el sexto intento. Sexto.

Cuarta ronda previa, dos equipos que nadie conocía

El Alvechurch era un club de pueblo de Worcestershire, fundado veinte años antes, que jugaba en la liga regional de las West Midlands. El Oxford City era otro club amateur, de la Isthmian League, con más historia pero el mismo perfil: gente con trabajo de lunes a viernes que los sábados se ponía las botas.

Se cruzaron en la cuarta ronda previa de la FA Cup, esa fase en la que todavía no aparecen los equipos profesionales y donde se juegan el derecho a existir durante noventa minutos delante de un club de verdad. El premio era pasar a la primera ronda del cuadro principal. Nada más. Ni televisión, ni dinero serio, ni un cromo.

Y no había manera de decidirlo.

El marcador completo, que es lo mejor de todo

Partido Resultado Dónde
1º 2-2 Campo del Oxford City
2º 1-1 Campo del Alvechurch
3º 1-1 Campo neutral
4º 0-0 Campo neutral
5º 0-0 Campo neutral
6º 1-0 (Alvechurch) Villa Park

Nueve goles en total. Cuatro de los seis partidos se fueron a la prórroga. Suma: once horas de fútbol repartidas en dieciséis días para resolver una eliminatoria de la fase previa.

Fíjate en la curva. Empiezan con un 2-2 de partido abierto, van bajando a 1-1, a 1-1 otra vez, y para el cuarto y el quinto ya nadie es capaz de marcar. No es que se pusieran defensivos: es que estaban destrozados. Cuando llevas cuatro partidos en diez días contra el mismo rival, sabes de memoria por dónde va a salir el extremo y él sabe de memoria que tú lo sabes. El fútbol se convierte en una partida de ajedrez jugada por dos personas que no han dormido.

El detalle que lo cambia todo: trabajaban

Esto no eran profesionales concentrados en un hotel. Eran amateurs. Cada replay caía entre semana, por la tarde, con lo cual había que pedir permiso, salir antes, conducir una hora, jugar noventa minutos más prórroga, volver de madrugada y ponerte el mono a las siete de la mañana.

Y repetirlo. Cinco veces.

Los tres últimos partidos se jugaron en campos prestados por los clubes grandes de Birmingham, porque los terrenos de los dos equipos ya no daban abasto con la gente que se estaba apuntando a la broma. El desenlace acabó en Villa Park, un estadio de Primera División, con dos plantillas de aficionados que a esas alturas se conocían mejor entre ellos que a sus propias familias.

Ganó el Alvechurch 1-0. Pasaron a la primera ronda. Ahí les tocó el Aldershot, equipo profesional, y ahí se acabó el cuento. Dieciséis días y once horas para durar noventa minutos más.

¿Y por qué demonios no tiraban penaltis?

Aquí está lo bueno: la tanda de penaltis ya existía. La había aprobado el IFAB en 1970, un año antes. Es más, Inglaterra ya la había estrenado: el primer desempate por penaltis del fútbol inglés fue en la Watney Cup de agosto de 1970, entre el Hull City y el Manchester United. El primer penalti de la historia del torneo lo lanzó George Best. El primero en fallar fue Denis Law.

O sea: el mecanismo estaba inventado, probado y funcionando a menos de trescientos kilómetros de allí.

Pero la FA Cup era la FA Cup. La idea de que un partido se decidiera con un concurso de tiro le parecía a la Federación una especie de herejía. La eliminatoria se resolvía jugando, y si hacía falta jugar seis veces, se jugaba seis veces. Punto. La tanda de penaltis no entró en la FA Cup hasta la temporada 1991-92, veinte años después de aquello.

Tampoco era la primera señal de alarma. En 1955, el Stoke City y el Bury habían necesitado cinco partidos y más de nueve horas para resolver lo suyo. La Federación tomó nota, no hizo nada y esperó a que alguien batiera el récord.

El récord que ya no se puede batir

Con el tiempo la FA fue apretando el grifo: primero limitó el número de repeticiones, después metió los penaltis, luego eliminó los replays de las rondas altas. Y desde la temporada 2024-25 se han cargado los replays por completo en todo el cuadro principal, con la excusa (real, por cierto) de que el calendario ya no cabe en el calendario.

Lo que significa que los once horas del Alvechurch contra el Oxford City no las va a superar nadie nunca. No porque no haya equipos capaces de empatar cinco veces seguidas, que los hay, sino porque el reglamento ya no les deja intentarlo.

Hay algo bonito en que el récord más absurdo del fútbol inglés lo tengan dos equipos amateurs de los que no habías oído hablar hasta hace cinco minutos, en una ronda que ni siquiera contaba, por un premio que consistía en que te eliminara un equipo mejor. Once horas de fútbol para llegar a eso.

Y el dato que remata: en esas once horas se marcaron nueve goles en total. Uno cada setenta y tres minutos. El Alvechurch tardó dieciséis días en meter el que valía.

Más sobre el club, en su ficha histórica; y sobre aquella Watney Cup donde empezaron los penaltis, aquí.

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