El portero que marcó 131 goles (y ninguno con Brasil)
Rogério Ceni acabó su carrera con 131 goles oficiales, más que muchos delanteros de su época. La historia de cómo un club dejó veinte años el balón parado en manos de su guardameta.

Ciento treinta y uno. Ese es el número de goles oficiales que metió Rogério Ceni, y Ceni era portero. No un portero reconvertido, no un central que acabó bajo palos: el titular del São Paulo durante dos décadas, con guantes, en su área, encajando lo que le tiraban. Y aun así terminó su carrera con más goles que muchos delanteros que compartieron generación con él.
Guinness le reconoce el récord mundial. Y no está peleado: el segundo de la lista se queda a más de sesenta goles de distancia.
Cómo se llega a 131 sin salir de la portería
La respuesta corta es aburrida: penaltis y faltas directas. La larga es más interesante, porque el reparto está casi equilibrado. Aproximadamente la mitad de esos goles llegaron desde los once metros. La otra mitad, de falta directa, que es la parte que cuesta creer.
Un penalti lo mete cualquier profesional con la cabeza fría. Sesenta y tantos goles de falta directa a lo largo de una carrera es cifra de especialista puro, de esos que aparecen uno por país y por década. Ceni pegaba con el empeine, seco, buscando el hueco entre la barrera y el palo más que la escuadra imposible. Se quedaba después de los entrenamientos golpeando balones cuando el resto ya estaba en la ducha, y eso durante veinte años seguidos.
Por competiciones, el grueso se lo llevan el Campeonato Paulista y el Brasileirão, que son los torneos donde más partidos jugó, con un puñado repartido en Copa do Brasil y Libertadores. Tiene lógica aritmética: si tu portero tira todos los penaltis y todas las faltas centrales durante mil y pico partidos, el volumen hace el resto.
Porque esa es la otra cifra bestia de su ficha: más de 1.200 partidos oficiales, todos con la misma camiseta. Debutó en 1993 y se retiró en diciembre de 2015, con 42 años. Un solo club. En el fútbol moderno eso es casi tan raro como los 131 goles.
Chilavert, Higuita y el club de los porteros con ego
Ceni no inventó nada. Antes estuvo José Luis Chilavert, que rondó los sesenta goles entre Vélez Sarsfield y la selección paraguaya, y que además marcó con Paraguay, cosa que Ceni nunca hizo con Brasil. Chilavert llegó a meter tres penaltis en un mismo partido de liga argentina.
Y estuvo René Higuita, con unos cuarenta, que pertenece a otra categoría mental directamente: el colombiano no salía a rematar faltas, salía a jugar de líbero en mitad del campo porque le apetecía.
Los tres comparten algo que no aparece en las estadísticas: hacía falta un club dispuesto a aguantar el ridículo. Porque cuando el portero especialista falla, no falla como un delantero. Falla y encima tiene 60 metros de campo por detrás sin nadie que los defienda.
Higuita firmó el ejemplo definitivo en el Mundial de Italia 90. Salió a driblar a Roger Milla fuera del área, Milla le robó el balón, gol, Camerún elimina a Colombia. Treinta y seis años después la jugada sigue circulando. Ese es el precio de tener un guardameta con vocación de jugador de campo.
La decisión que casi nadie toma
Aquí está lo verdaderamente insólito de la historia de Ceni, y no es su técnica. Es que un club grande de Brasil, con presión de prensa diaria y entrenadores que duran lo que dura una mala racha, decidió que el especialista a balón parado fuera el portero. Y lo mantuvo veinte años.
Piensa en lo que implica. Cada falta al borde del área obliga a tu guardameta a recorrer el campo entero. Si el rival despeja largo, tu portería está vacía y tu portero está a ochenta metros trotando de vuelta. Cada penalti a favor pone en el punto a un jugador que, si falla, ya no puede compensarlo con otra ocasión en la segunda parte.
Ningún entrenador quiere explicar eso en rueda de prensa. Todos los del São Paulo tuvieron que estar dispuestos a explicarlo, uno detrás de otro, durante dos décadas. La única razón por la que la apuesta se sostuvo es que salía a cuentas: Ceni metía más de lo que costaba.
El gol 100 llegó en 2011, de falta, en un derbi contra el Corinthians. Fíjate en el detalle: no se lo guardó para un partido cómodo. El especialista se dedica a lo suyo también cuando el estadio pesa.
El detalle que remata la ficha
Ceni fue capitán del São Paulo que ganó la Libertadores de 2005 y el Mundial de Clubes de aquel mismo año, con la final contra el Liverpool. Estuvo en convocatorias de Brasil, jugó bastantes menos partidos internacionales de los que su carrera daba a entender y no marcó ninguno.
Es decir: el máximo goleador de la historia entre porteros nunca celebró un gol con la camiseta de su país. Tuvo la mala suerte de coincidir con una generación de guardametas brasileños que le dejó sitio solo a ratos.
Su récord aguanta intacto desde 2015 y no hay nadie en activo remotamente cerca. Para batirlo harían falta dos cosas a la vez: un portero capaz de meter faltas directas al nivel de un diez, y un club dispuesto a jugársela cada semana durante veinte años. Lo primero aparece de vez en cuando. Lo segundo casi nunca.