Dos países se pelean por una montaña del fondo del mar que quizá no valga nada
Tiene el 5 % del telurio del mundo, está a 970 metros bajo el agua y nadie sabe sacarlo. Ni existe la ley que lo permitiría. Y aun así la quieren los dos.

A quinientos kilómetros de El Hierro, a novecientos setenta metros bajo el agua, hay una montaña que fue un volcán y que lleva diez años poniendo nerviosos a dos gobiernos.
Se llama monte Tropic. Y la pelea por ella tiene un detalle que casi nunca se cuenta: es posible que no se pueda minar nunca.
Primero, lo que tiene
La cima es una meseta de unos 120 kilómetros cuadrados, o sea más o menos la superficie de una ciudad mediana, cubierta de una costra de ferromanganeso de tres o cuatro centímetros.
Dentro de esa costra hay telurio. Unas 2.670 toneladas, que son cerca del 5 % de todas las reservas conocidas del planeta.
El telurio es de esos elementos de los que nadie ha oído hablar hasta que se entera de para qué sirven: paneles solares de alta eficiencia, aleaciones especiales, electrónica. Vamos, la lista de cosas que todo el mundo quiere fabricar más.
Segundo, de quién es
De nadie, técnicamente. La montaña está fuera de las 200 millas náuticas que le corresponden como zona económica a España y fuera de las que le corresponden a Marruecos.
España presentó papeles en Naciones Unidas en 2014 para ampliar su plataforma continental al oeste de Canarias, con el argumento de que esas elevaciones submarinas son continuación del archipiélago. Marruecos ha ido aprobando leyes internas que redefinen sus límites marítimos en el Atlántico.
Y hay un nudo debajo del nudo: para que a Marruecos le alcance, la medición tiene que partir de las costas del Sáhara Occidental, un territorio cuyo estatus sigue sin resolverse en Naciones Unidas. Con lo cual el pleito por una montaña sumergida acaba dependiendo de un asunto que lleva medio siglo abierto en tierra firme.
Y tercero, el detalle que lo cambia todo
Aquí viene lo bueno.
No existe tecnología demostrada para arrancar esas costras del fondo sin destrozar lo que hay alrededor. Tampoco existe el marco legal internacional que permita hacerlo a esa profundidad.
Pero es que además hay un dato que sale de los propios trabajos científicos sobre esas costras: con ese espesor y con las leyes de metal que se han medido allí, un solo monte submarino difícilmente llega a ser rentable.
Dicho de otro modo: puede que el tesoro no dé ni para pagar el barco.
Entonces, ¿por qué siguen?
Porque los dos saben que la tecnología puede aparecer, la ley puede escribirse y el precio del telurio puede multiplicarse. Reclamar es barato y dejar de reclamar es definitivo.
Así que ahí siguen los dos, peleándose por una montaña que ninguno puede tocar, a novecientos setenta metros bajo el mar, por si acaso.