La foto que desmonta el partido de la muerte
En Kiev, 1942, un equipo de panaderos ganó 5-3 a una selección de la Luftwaffe y la historia dice que los fusilaron por eso. Hubo victoria, hubo muertos y hubo campo de concentración. Lo que no hubo fue esa línea recta entre una cosa y la otra.

Después del partido más famoso de la historia del fútbol de guerra, los dos equipos se hicieron una foto juntos. Los del Start y los alemanes. En fila, mirando a cámara, algunos con los brazos cruzados. La foto existe, se puede ver, y lleva ochenta años sentada encima de la leyenda sin que nadie le haga demasiado caso.
Porque la leyenda dice otra cosa. Dice que aquel 9 de agosto de 1942, en el Kiev ocupado, once futbolistas ucranianos ganaron a un equipo de la Wehrmacht pese a las amenazas en el descanso, y que los sacaron del campo directamente al paredón. Con la camiseta puesta. Es una historia perfecta. Tan perfecta que se hicieron películas, monumentos y estatuas con ella.
Primero, lo que sí pasó
Kiev cayó en manos alemanas en septiembre de 1941. Entre los que se quedaron atrapados en la ciudad había jugadores del Dinamo y del Lokomotiv, sin equipo, sin liga y sin comida. Un encargado de la Panadería nº 5, Iosif Kordik, los fue colocando a trabajar allí. Un puesto en una panadería en el Kiev ocupado no era un trabajo: era comer.
Y como eran futbolistas, montaron un equipo. Lo llamaron Start. Camisetas rojas, porque era lo que había.
En el verano de 1942 jugaron una decena de partidos contra guarniciones húngaras, rumanas, alemanas y contra equipos ucranianos colaboracionistas. Los ganaron casi todos, muchos con marcadores de esos que dan vergüenza ajena. Panaderos desnutridos metiéndole seis, siete, ocho goles a los ejércitos de la ocupación, delante de un público local que iba a verlo precisamente por eso.
El 6 de agosto se midieron al Flakelf, un combinado de personal de la Luftwaffe. 5-1. Tres días después, revancha con un Flakelf claramente reforzado. Ganó el Start otra vez, 5-3.
Ese es el partido. El de la foto.
Y ahora, la parte incómoda
Si a alguien lo fusilan al salir del campo, no juega el domingo siguiente. El Start jugó el domingo siguiente. El 16 de agosto se enfrentaron al Rukh y ganaron 8-0. Ese fue su último partido, pero no porque nadie los matara: dos días después, el 18 de agosto, la Gestapo detuvo a la mayoría de la plantilla.
El motivo de las detenciones no está atado a ningún resultado. Uno de ellos, Nikolái Korotkij, había pertenecido a los servicios de seguridad soviéticos, y murió durante los interrogatorios. Al resto los repartieron entre trabajos forzados y el campo de Sirets, a las afueras de la ciudad.
Allí, en febrero de 1943, fusilaron a tres de ellos: el portero Nikolái Trusévich, Iván Kuzmenko y Alexéi Klimenko. No los sacaron de una fila de futbolistas. Los sacaron de una fila de prisioneros, en una de las represalias masivas que el mando del campo aplicaba después de cualquier incidente, sabotaje o fuga. Morir en Sirets por ser prisionero en Sirets era, estadísticamente, lo normal.
Seis meses después del partido. En otro sitio. Por otra cosa.
Quién construyó el resto
La historia del fusilamiento inmediato empezó a circular tras la liberación de Kiev, cuando la prensa soviética necesitaba con urgencia relatos de resistencia civil en una ciudad que había pasado dos años bajo ocupación y donde la colaboración había sido incómodamente frecuente. Once obreros hambrientos humillando al invasor y muriendo de pie era exactamente el material que hacía falta.
De ahí saltó a todas partes. En 1962 el cine soviético estrenó El tercer tiempo. En 1971 se levantó un monumento en el estadio del Dinamo. En 1981 Hollywood rodó Evasión o victoria, con Stallone de portero y Pelé haciendo una chilena, inspirada libremente en el mismo mito. Y en 2012 el cine ruso volvió sobre ello con Match.
Lo curioso es que la versión oficial ya crujía desde dentro. Varios jugadores del Start sobrevivieron a la guerra y algunos volvieron a jugar al fútbol después. Sus testimonios nunca encajaron del todo con el guion, y en la Unión Soviética eso significaba que el problema lo tenían los testimonios.
El expediente que cerró la puerta
El remate llegó desde el sitio menos sospechoso de querer blanquear nada. La fiscalía de Hamburgo abrió una investigación sobre los hechos y en 2005 la cerró: no encontró pruebas de que aquellos futbolistas fueran ejecutados como consecuencia del partido. Alemania investigando un posible crimen de guerra alemán y concluyendo que ese crimen concreto no ocurrió como se contaba.
Nada de esto convierte la historia en bonita. Un equipo de panaderos ganó a sus ocupantes delante de su gente en una ciudad ocupada, y meses después tres de ellos murieron fusilados en un campo de concentración. Todo eso pasó. Lo único que se cae es la flecha que unía las dos frases.
Makar Goncharenko, delantero de aquel Start, vivió hasta 1997. Pasó buena parte de sus últimos años explicando a quien quisiera escucharle que a nadie lo mataron por ganar un partido de fútbol. Le costó bastante encontrar oyentes.