Madrid tuvo su Estatua de la Libertad 29 años antes que Nueva York (y no lleva antorcha)
Desde 1857 una Libertad de mármol con corona de rayos vigila una tumba en Madrid. No lleva antorcha, lleva un yugo roto, y le saca 29 años a la de Nueva York.

En Madrid hay una mujer de mármol con una corona de rayos en la cabeza que lleva en pie desde febrero de 1857. La de Nueva York se inauguró el 28 de octubre de 1886.
Veintinueve años de ventaja.
Y casi nadie en Madrid sabe dónde está. Pista: no en una plaza, ni en un museo. Está encima de una tumba.
Una Libertad para vigilar a seis muertos
Cuando murió Juan Álvarez Mendizábal en 1853 (sí, el de la desamortización, el que te sonaba del instituto), sus admiradores hicieron lo que se hacía entonces: pasar la gorra. Abrieron una suscripción pública para levantarle un sepulcro compartido con otros dos liberales, Agustín Argüelles y José María Calatrava.
Convocaron un concurso. Se presentaron 24 proyectos. Y lo ganó un estudiante: Federico Aparici, alumno de la Escuela de Arquitectura. (Imagínate ganar a veintitrés arquitectos con el título todavía sin colgar.)
Para coronar el monumento encargaron una Libertad a Ponciano Ponzano, el escultor del frontón del Congreso. Abajo, otras tres figuras de Sabino Medina: la Pureza, la Reforma y el Gobierno. Se inauguró el 20 de febrero de 1857 en el cementerio de San Nicolás, y la revista El Museo Universal lo contó con grabado incluido.
Con los años se mudaron allí tres inquilinos más: Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa y Olózaga. Seis liberales del XIX debajo de la misma señora.

Le falta la antorcha (y le sobra un yugo)
Aquí viene el giro. Si vas buscando una réplica de la de Nueva York, te vas a llevar un chasco. La de Madrid no lleva antorcha. Ni tablilla. En una mano sujeta un cetro y en la otra, un yugo roto, que en el siglo XIX era la forma estándar de decir «se acabó la tiranía» sin escribir un panfleto.
Lo que sí comparten es la corona de rayos. Y eso tiene trampa: ninguna de las dos la inventó. Los rayos alrededor de la cabeza son un recurso viejísimo, el de los dioses del sol de la Antigüedad, el mismo que se le atribuye al Coloso de Rodas. No en vano el poema que hay en el pedestal de Nueva York, el de Emma Lazarus, se titula «El nuevo Coloso».
Lo que hay son dos escultores del XIX que fueron a la misma estantería a buscar el mismo símbolo. No consta que Bartholdi supiera de la de Madrid. Ponzano, eso sí, llegó antes. Y Bartholdi lo hizo de cobre y de 46 metros, que también cuenta.
Por qué unos dicen 1853 y otros 1857
Si buscas en internet verás fechas para todos los gustos: 1848, 1853, 1857. La de 1853 es la muerte de Mendizábal, cuando empezó la colecta. La que tiene día y mes documentados es la inauguración: 20 de febrero de 1857. Y con esa, la cuenta da 29 años, no los 26 que repiten algunas páginas.
La mudanza de 1912
El cementerio de San Nicolás desapareció, y en 1912 el monumento entero, Libertad incluida, se trasladó al jardín del panteón que hay junto a la basílica de Atocha. Ese panteón se llamó durante más de un siglo de Hombres Ilustres y desde 2022 se llama Panteón de España.
Está en la calle de Julián Gayarre, 3, y la entrada es gratis. La señora sigue ahí arriba, al aire libre, con su yugo roto, mirando a Madrid desde hace casi 170 años.
Para soltar en la próxima cena: de las dos Estatuas de la Libertad, la más antigua vigila una tumba en un jardín del distrito de Retiro.