¿Es verdad que un perro encontró la Copa del Mundo?
Un collie llamado Pickles apareció con la Jules Rimet envuelta en papel de periódico bajo un seto del sur de Londres, siete días después de que la robaran. En 1983 se la llevaron otra vez y esa no volvió.

Sí. El 27 de marzo de 1966, un collie llamado Pickles olfateó un paquete envuelto en papel de periódico bajo un seto de Beulah Hill, al sur de Londres. Dentro estaba la Jules Rimet, robada siete días antes. Su dueño, David Corbett, avisó a la policía. En 1983 la volvieron a robar en Río y esa vez no la encontró nadie.
¿Cómo se robó la copa en Londres?
El 20 de marzo de 1966, a cuatro meses del Mundial, la Jules Rimet estaba expuesta en el Methodist Central Hall de Westminster. No en un museo del deporte: en una exposición de sellos. Se llamaba «Sport with Stamps» y el trofeo era el reclamo para atraer gente a mirar filatelia.
Era domingo. Forzaron una puerta trasera, forzaron la vitrina y se fueron con el trofeo que llevaba organizándose desde 1930. La policía de Londres, que acababa de anunciar al mundo que iba a organizar un Mundial, tuvo una semana muy larga.
Días después, alguien que se hacía llamar Jackson telefoneó a Joe Mears, presidente de la Federación inglesa, y pidió 15.000 libras. Para demostrar que tenía la copa mandó por correo una pieza desmontable de la parte superior. La policía montó una entrega con un paquete de billetes falsos en Battersea Park y detuvo a Edward Betchley, un ladrón de poca monta que insistió hasta el final en que él solo era el intermediario. Le cayeron dos años por exigir dinero con amenazas. El trofeo seguía sin aparecer.
¿Qué pasó exactamente el día que apareció?
Corbett bajó a echar una carta con el perro. Pickles se paró en seco delante de un bulto tirado junto al seto del jardín de un vecino, envuelto en papel de periódico y atado con cuerda. Corbett lo abrió y vio metal dorado y unas figuras. Su primera reacción fue pensar que iban a acusarle a él, y no le faltaba razón: en la comisaría lo interrogaron un buen rato antes de creerle.
Siete días de investigación policial nacional y lo resuelve un perro que iba a mear.
| Dato | Robo de 1966 | Robo de 1983 |
|---|---|---|
| Fecha | 20 de marzo | Noche del 19 al 20 de diciembre |
| Lugar | Methodist Central Hall, Westminster (exposición de sellos) | Sede de la CBF, Río de Janeiro |
| Cómo entraron | Puerta trasera y vitrina forzadas | Palanca en la trasera de madera de la vitrina |
| Petición de dinero | 15.000 libras | Ninguna |
| Desenlace | Recuperada el 27 de marzo | Nunca recuperada |
| Condenas | Un hombre, dos años de cárcel | Cuatro hombres juzgados y condenados en 1989, varios en rebeldía |
¿Qué fue de Pickles?
Se hizo famoso. Medalla, un año de comida gratis, invitaciones a programas de televisión y hasta un papel en una película de espías que se estrenó ese mismo año. Corbett cobró recompensas por un total de unas 6.000 libras, seis veces la prima de mil libras que se llevó cada jugador inglés por ganar el Mundial. Con ese dinero se compró una casa.
El perro que salvó el Mundial de 1966 murió en 1967, ahorcado con su propia correa al engancharse en una rama persiguiendo a un gato. Está enterrado en el jardín de Corbett.
¿Es verdad que Inglaterra hizo una copia en secreto?
Sí, y es la parte que casi nadie cuenta. Mientras la copa estaba desaparecida, la Federación inglesa encargó al orfebre George Bird una réplica, por si acaso. No pidió permiso a la FIFA. Cuando apareció la original, la copia no se destruyó: se quedó en Inglaterra y se usó en actos y celebraciones, mientras la buena viajaba a lo suyo.
Esa réplica pasó años guardada, primero en casa del propio Bird y luego en una caja fuerte de un banco. Salió a subasta en Sotheby’s en 1997 con una estimación de entre 20.000 y 30.000 libras. Se vendió por 254.500. El comprador fue la FIFA, que acabó pagando una fortuna por una falsificación de sí misma que ni había autorizado.
¿Por qué la de 1983 no apareció?
Brasil ganó el Mundial de 1970 y con ello se quedó la Jules Rimet en propiedad, tal y como decía el reglamento desde el principio. La expusieron en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol, en Río, detrás de un cristal blindado.
El problema es que la vitrina tenía el frente blindado y la trasera de madera. Con una palanca por detrás se acabó el blindaje.
Nunca se recuperó y la versión más aceptada es que la fundieron a los pocos días. Aquí está el detalle amargo: la Jules Rimet no era de oro macizo. Era plata bañada en oro, con una base de lapislázuli, y pesaba unos 3,8 kilos con base incluida. Quien la fundiera se llevó plata, y bastante menos dinero del que valía el trofeo intacto en cualquier mercado del planeta. Brasil se quedó con una réplica encargada al año siguiente para tener algo que enseñar en la vitrina.
¿Se puede ver hoy en algún sitio?
La original, no. Lo que se puede ver es la copia inglesa de 1966, la que compró la FIFA en la subasta, expuesta en el National Football Museum de Mánchester. El trofeo que levantan hoy los campeones es otro distinto, diseñado por Silvio Gazzaniga y estrenado en 1974: oro de 18 quilates, 36,8 centímetros y 6,1 kilos. Ese no se lo queda nadie. El campeón se lleva a casa una réplica chapada.
Un apunte más sobre la Jules Rimet. Durante la Segunda Guerra Mundial, el italiano Ottorino Barassi, que era quien la custodiaba, la sacó de la caja fuerte de un banco de Roma y se la llevó a su casa. La guardó en una caja de zapatos debajo de su cama y allí pasó los años que hizo falta, con las tropas alemanas paseándose por la ciudad.
Aguantó una guerra mundial en una caja de zapatos. En Río la pusieron en una vitrina con la trasera de madera.
