Saltar al contenido
Fenifut

Curiosidades, datos raros y cosas que pasaron de verdad

Portada / Noticias

Dentro de tu cartucho de Pokémon había un reloj funcionando, y se lo comió la pila

En Oro y Plata la pila no solo guardaba la partida: mantenía un reloj en marcha las 24 horas, con la consola apagada y el cartucho en un cajón. Por eso duraba la mitad.

Dentro de tu cartucho de Pokémon había un reloj funcionando, y se lo comió la pila

Mira un cartucho de Pokémon Oro o Plata. Está apagado. Está en un cajón. Lleva ahí años.

Pues dentro hay un reloj funcionando.

Por qué

Oro y Plata metieron una idea que en el año 2000 era rarísima: el juego sabía qué hora era en el mundo real. Amanecía y anochecía a la vez que tú. Había bichos que solo salían de noche y cosas que solo pasaban los domingos.

Para eso hace falta un reloj que no pare nunca, porque si se detiene al apagar la consola, deja de saber qué día es.

Y un reloj que no para necesita corriente que no pare. De ahí la pila.

Lo que le costó

Aquí está lo bonito del asunto, que es pura contabilidad.

En los cartuchos que solo guardaban la partida, la pila alimentaba una memoria que apenas consume. Duraba unos diez años.

En Oro, Plata y Cristal, esa misma pila tenía que mover además un reloj las veinticuatro horas. Duración estimada: unos cinco años.

O sea que la función más mágica de aquellos juegos —que el mundo siguiera su curso sin ti— le costó al cartucho la mitad de su vida.

Las pilas, con nombre

Oro, Plata y Cristal llevan una CR2025. Amarillo, una CR1616. Son pilas de botón normales, de las que vende cualquier ferretería, soldadas dentro de la placa.

Se pueden cambiar. De hecho, una CR2025 se puede sustituir por una CR2032, que es más gorda y dura más. Lo que no se puede es salvar lo que había: al cambiarla se pierde igual.

La cuenta que nadie hace

Ahora la parte incómoda.

Si tu cartucho se quedó guardado a principios de los dos mil, y la pila duraba entre cinco y diez años, tu partida no se ha perdido hace poco.

Se perdió alrededor de 2008.

Un día cualquiera, en un cajón, sin que nadie estuviera delante, aquel reloj marcó su última hora y la memoria se quedó a oscuras. Y tú te enteras ahora, dieciocho años después, cuando enciendes el cartucho y no hay nada.

Lo que sí sigue ahí

La pila se gasta, la memoria se borra y el reloj se para. Lo único que aguantó veinte años fue que te acuerdes del nombre que le pusiste.

Y eso no llevaba pila.

Sigue

La carta más cara de la historia cabía en un párrafo y decía que aquello no tenía aplicación práctica