Dos récords en un mismo partido: nueve triples y una maldición de anfitrión que duró todo el torneo
El Joventut ganó la Supercopa en su casa. Nadie lo había conseguido jugando en casa desde que existe el torneo. Y el MVP metió nueve triples, otra marca.

Hay partidos en los que cae un récord. En este cayeron dos, y el segundo es de los que te dejan mirando la tabla.
El primero: nueve triples
Nico Laprovittola metió nueve triples en la final de la Supercopa Endesa, camino de 31 puntos. Es la mejor marca de triples en un partido de este torneo.
Bonus: los metió contra el Barça, el equipo que había decidido no renovarle ese mismo verano.
El segundo, que es el bueno
El Joventut ganó jugando en su casa, en Badalona.
Y resulta que ningún equipo anfitrión había ganado nunca la Supercopa. En toda la historia del torneo. Ni uno.
Piénsalo un momento, porque va contra todo lo que damos por supuesto. En cualquier deporte, jugar en casa es ventaja: tu pista, tu gente, tus horarios, tus vestuarios. Y aquí, durante todas las ediciones del torneo, había sido justo lo contrario.
Por qué pasa algo así
La respuesta tiene poco de mística y mucho de formato.
La Supercopa se juega a partido único, sin ida y vuelta. Y un partido único amplifica cualquier cosa: un mal cuarto y se acabó, sin margen para corregir la semana siguiente.
A eso súmale que el equipo que ejerce de anfitrión suele ser el que organiza, con todo lo que eso trae encima: actos, compromisos, entradas, presión de la ciudad. Y que el rival, que solo viene a jugar, llega sin nada de eso.
No es una maldición. Es una carga logística disfrazada de ventaja.
Y el final
101-87. Primer título de la Penya en dieciocho años, y la primera vez que el anfitrión levanta el trofeo desde que existe el torneo.
Dos rachas rotas en una sola noche, y una de ellas llevaba en pie desde el primer día.