Hay una medida científica para lo cerca que te deja llegar una paloma
Se llama distancia de inicio de huida, se mide en metros y en Nueva York la calcularon con 519 palomas. La sensación de que ya no se apartan no es tuya: está en los datos.

Tres investigadores se recorrieron Nueva York persiguiendo palomas con un método muy concreto: caminar hacia una y anotar en qué momento exacto echaba a volar.
Midieron 519.
La medida existe y tiene nombre
Se llama distancia de inicio de huida. En la bibliografía aparece en inglés, flight initiation distance, y es una de las medidas estándar para saber cuánto miedo le tiene un bicho a otro.
Funciona así: te acercas a velocidad constante y apuntas los metros que quedaban cuando el animal decide que hasta aquí hemos llegado. Cuanto más pequeño el número, menos miedo.
Es una de esas cosas que suenan a broma hasta que ves para qué sirve. Con ese número se compara una especie consigo misma en sitios distintos, se mide cuánto molesta el turismo a una colonia de aves, y se decide a qué distancia poner un sendero de un nido.
Lo que salió en Nueva York
El trabajo se publicó en Animal Behaviour en 2021 y lo firman Elizabeth J. Carlen, Richard C. Y. Li y Kristin M. Winchell.
El resultado, resumido: cuanta más ciudad, menos distancia.
Donde había más tránsito de peatones, más gente viviendo alrededor y más superficie urbanizada, las palomas dejaban acercarse más antes de moverse. Y el patrón era lo bastante consistente como para que el grado de urbanización sirviera para predecir el número.
Es decir: la paloma del parque de un pueblo y la de una boca de metro son la misma especie con dos umbrales distintos.
Y esto pasa con casi todas las aves
No es cosa de palomas. Al comparar poblaciones urbanas y rurales de un montón de especies, las urbanas salen con distancias de huida más cortas de forma bastante general.
Los gorriones, por ejemplo: en pueblos pequeños salen volando antes que en ciudades grandes.
El matiz que casi siempre se cuenta mal
La explicación fácil es que se acostumbran. Ven humanos todo el día, aprenden que no pasa nada, y dejan de huir. Habituación, en una palabra.
Y sí, la habituación está ahí. Pero los propios trabajos avisan de que no lo explica todo: hay factores ecológicos del entorno urbano que también empujan en esa dirección, desde la comida disponible hasta qué depredadores hay y cuáles no.
Dicho de otra manera, no es solo que se hayan acostumbrado a ti. Es que la ciudad entera premia a la paloma que no se molesta en irse.
Antes de que te ofendas
Nada de esto significa que las palomas se estén volviendo agresivas, que es la otra mitad de la sensación popular. Lo que está medido es a qué distancia huyen, no si embisten.
La paloma no ha decidido plantarte cara. Ha decidido que no mereces el esfuerzo de levantar el vuelo.