Prepárate para una de esas noticias que suenan a ciencia ficción pero son de esta semana: Jack Dorsey —sí, el de Twitter— ha creado una oficina digital donde los robots son compañeros de trabajo de verdad. No un asistente al que le pides cosas: un colega más, con su nombre, su sitio en el chat y hasta su «carné» para entrar.

Se llama Buzz y funciona así
Es un espacio de trabajo (chat + código + tareas) donde conviven personas y agentes de inteligencia artificial. La curiosidad está en el detalle: cada agente tiene su propia identidad criptográfica y sus permisos, igual que un empleado. Puede escribir en un canal, revisar trabajo o ejecutar una tarea que le hayan aprobado.
El dato que descoloca
La pregunta que se hacen los equipos deja de ser «¿qué le mando al bot?» y pasa a ser «¿qué decisiones le dejo tomar?». Vamos, que el jefe ya no reparte tareas: reparte confianza. Y sí, alguien tendrá que acordarse de quitarle los permisos al agente antes de irse de vacaciones.
Tres cosas más para presumir en la comida
- Es de código abierto: cualquiera puede montarse su propia versión en un servidor suyo.
- No depende de una IA concreta: le enchufas la que quieras.
- Es tan nuevo que sus propios creadores admiten que todavía le falta pulido. O sea, los robots ya tienen oficina, pero aún se les cuelga el ascensor.
Moraleja del día: el futuro del trabajo no es que una máquina te quite el puesto, es que te toque compartir el grupo de la oficina con una que nunca duerme y siempre responde. Suerte con eso.