Marte lleva siglos siendo el planeta que más nos obsesiona. Le pusimos el nombre de un dios de la guerra, lo llenamos de marcianos en las novelas y hoy le mandamos robots que se pasan años haciéndole fotos. Y cuanto más lo miramos, más raro resulta. Tan raro que algunos de sus datos reales parecen sacados de un guion de ciencia ficción de los baratos. Aquí van ocho que son absolutamente ciertos, por mucho que cueste creerlos.

1. Tiene el volcán más grande del sistema solar (y es un monstruo)
Se llama Monte Olimpo y mide unos 26 kilómetros de altura: aproximadamente tres veces el Everest. Su base es tan ancha como el estado de Arizona, unos 600 kilómetros. ¿Por qué llegó a ser semejante bestia? Porque Marte no tiene tectónica de placas: la lava brotó siempre por el mismo punto durante miles de millones de años, apilándose sin parar. Si estuvieras en su cima, ni siquiera verías que estás en una montaña: es tan gigante y tan tendida que sus laderas se pierden más allá del horizonte.
2. Sus atardeceres son azules
En la Tierra el cielo es azul y el atardecer se pone rojo. En Marte pasa justo lo contrario. El cielo diurno tira a ocre, pero al ponerse el Sol aparece un halo azulado a su alrededor. La culpa la tiene el polvo finísimo suspendido en el aire: sus partículas dispersan la luz de tal forma que el azul se concentra cerca del disco solar, mientras los tonos cálidos se reparten por el resto del cielo. Los róveres Curiosity y Perseverance lo han fotografiado, y es real: en Marte, el día se despide en azul.
3. Es rojo porque, literalmente, está oxidado
El famoso color rojo no es un truco de iluminación: Marte está cubierto de óxido de hierro, o sea, herrumbre. El mismo proceso que oxida una verja vieja pintó el planeta entero. El hierro de sus rocas reaccionó con agua y oxígeno hace muchísimo tiempo, y el viento repartió ese polvo rojizo por todas partes. De hecho, investigaciones recientes apuntan a un mineral (la ferrihidrita) que solo se forma con agua presente: la prueba de que el Marte de antaño fue mucho más húmedo de lo que pensábamos.
4. Tiene un cañón que dejaría en ridículo al Gran Cañón
Valles Marineris mide unos 4.000 kilómetros de largo: casi diez veces el Gran Cañón del Colorado, y hasta cinco veces más profundo. Puesto sobre un mapa de Europa, iría desde el norte de Noruega hasta Sicilia. Es la mayor grieta de todo el sistema solar, y no la excavó ningún río: se abrió cuando la corteza del planeta se estiró y se rajó al levantarse la enorme región volcánica vecina.
5. Sus tormentas de polvo se tragan el planeta entero
De vez en cuando, una tormenta local crece hasta cubrir todo Marte durante dos o tres meses seguidos. No pasa cada año, pero cuando pasa es apocalíptico: en 2018, una de estas tormentas globales tapó el Sol tanto tiempo que el veterano róver Opportunity, que funcionaba con paneles solares, se quedó sin energía y no volvió a despertar. Marte, básicamente, se cargó a uno de nuestros robots con una rabieta meteorológica.
6. Pesarías un tercio de lo que pesas aquí
La gravedad marciana es un 38 % de la terrestre. Si en la Tierra marcas 75 kilos en la báscula, en Marte marcarías unos 28. Saltarías casi el triple de alto y esos volcanes descomunales tienen parte de su explicación aquí: con menos gravedad, las estructuras pueden crecer mucho más sin desplomarse por su propio peso.
7. El día dura casi lo mismo que el nuestro (por pura casualidad)
Un día marciano, llamado sol, dura 24 horas y 37 minutos. Es una coincidencia sorprendente: de todos los planetas, Marte es el que tiene un día más parecido al terrestre. Por eso los equipos que controlan los róveres a veces viven en «horario marciano», desfasando su rutina 37 minutos cada jornada hasta acabar trabajando de madrugada. El año, en cambio, dura casi el doble: 687 días.
8. Una de sus lunas sale por el oeste… dos veces al día
Marte tiene dos lunas pequeñas, Fobos y Deimos. Y Fobos hace algo imposible en la Tierra: orbita tan rápido, más deprisa de lo que Marte gira sobre sí mismo, que desde la superficie parece salir por el oeste y ponerse por el este, cruzando el cielo en pocas horas. Y como da la vuelta al planeta en menos de 8 horas, un marciano lo vería aparecer y desaparecer dos veces cada día. Los polos, por cierto, guardan casquetes de hielo de agua cubiertos de hielo seco (dióxido de carbono congelado) que crece y mengua con las estaciones.
Un planeta hecho para imaginarlo
Con este catálogo de rarezas, no extraña que Marte lleve más de un siglo alimentando la ciencia ficción, desde los canales imaginarios de hace cien años hasta las colonias de las novelas de hoy. Y la CF en español también lo ha soñado a su manera: si te ha entrado el gusanillo marciano, échale un ojo a «El testigo de Marte», un relato de Helena Wagner que imagina qué (o quién) podría estar esperando bajo ese cielo azul al atardecer. Porque, admitámoslo: un planeta oxidado, con volcanes tres veces más altos que el Everest y lunas que salen por donde no deben, casi pide a gritos que le inventemos historias.